Texto de Elsa Margarita Moreno
CONSEJO DE CERTIFICACIÓN, Academia de Medicina.
11 de diciembre de 2002
Sres: Académicos, amigos del Consejo de Certificación:
La profunda crisis que está sufriendo nuestro país
en el plano político, social y moral, se manifiesta
en una aguda contracción económica, una disminución
de la capacidad productiva y sobre todo una acentuada inequidad
en la distribución del ingreso y de los bienes y servicios.
En los últimos años la estructura social se
ha visto tremendamente afectada con un empobrecimiento progresivo
que ha llevado a algo más de la mitad de la población
por debajo de la línea de pobreza, límite que
señala quienes pueden y quienes no pueden, acceder
a la canasta básica de bienes y servicios. La situación
de pobreza de grandes grupos poblacionales se ha producido
mientras algunos grupos nacionales y otros transnacionales
se han enriquecido desmesuradamente.
A estas circunstancias se suma una crisis del sector público,
con disminución de los servicios sociales y su caída
en la cobertura y calidad. En el sector salud esta situación
se ha traducido en fragmentación, ineficiencia en el
uso de los recursos, inequidad en el acceso y escasa participación
de la comunidad. También el ejercicio profesional entre
los trabajadores de la salud, se ha tornado difícil
por las condiciones en que se trabaja en los subsectores de
obras sociales tanto como en el subsector público,
donde la demanda ha aumentado en una magnitud que torna difícil
su satisfacción.
La crisis mencionada ya se ha manifestado en algunos indicadores
de salud y en corto tiempo se ha tornado más notoria
y emblemática en mi provincia de Tucumán. Hace
ya tiempo que denunciábamos que entre los indicadores
más importantes de la salud materno infantil ya se
registraban valores que no correspondían al grado de
desarrollo y disponibilidad de recursos profesionales del
país. La mortalidad infantil durante el período
1998 a 2000 ha tenido un demasiado moderado descenso llegando
a un promedio nacional de 17 por mil pero con progresivo aumento
de los valores diferenciales entre las provincias, es decir
un aumento de la inequidad. La profundización de la
crisis desde el fin del 2000 hacía prever que la situación
estaría aún más grave todavía
en los años 2001 y lo que va del 2002. Ahora la sospecha
se evidenció con la crudeza de los desnutridos que
la prensa ha mostrado en todo el mundo. Estos hechos son solo
la cara visible de la crisis que ha conducido a una encrucijada
a la propia democracia argentina, corrumpiéndola en
tal forma que estamos pensando en refundarla.
Un filósofo tucumano y amigo, Eduardo Ruiz Pesce,
textualmente manifiesta que "La crisis mundial de la
democracia, en general, y la desgraciada democracia argentina,
en particular, hunden sus raíces en nuestra tragedia
educativa -como la llamara Jaim Echeverry- y en nuestra bancarrota
política. No hay dudas que el colapso de la educación
se debe a que quienes la conducen carecen de pasión
por la verdad y falta de educación para el diálogo,
-fines esenciales de toda escuela o universidad-. Por otro
lado el deterioro de nuestra débil democracia se debe
a la falta de amor por el bien público, o, lo que es
lo mismo, el olvido del fin último de la política:
el bien común".
Para liberarnos de estos dos problemas centrales en los que
estamos inmersos sólo tenemos el camino de la verdad,
el diálogo y el trabajo comprometido por el bien común.
Este es el desafío de la hora.
Los obispos han denunciado que el diálogo argentino
se ha roto y los juristas opinan que nuestro país vive
al margen de la ley. "El Dios invocado en la Constitución,
-fuente de toda razón y justicia-, es ignorado en cada
niño, joven, adulto o anciano que tiene hambre, que
tiene sed, que está desnudo, que es herido, que sufre
persecución u olvido, que no tiene acceso al alimento,
la educación y la atención de salud"
Frente a esta situación debemos preguntarnos en que
medida somos, como trabajadores del sector salud y por ende,
actores privilegiados del proceso, capaces de generar alternativas
que hagan posible una sociedad más justa y equitativa
donde se respeten los derechos humanos incluido el derecho
a la salud y se atiendan sus demandas.
¿Cómo responder a estos necesarios cambios
que permitan refundar la democracia?. Son muchos los caminos
y cada uno deberá buscar cual es el suyo. En mi caso
particular estoy dedicada a formar personal en salud pública,
aún teniendo conciencia que ésta es una tarea
ardua, en buena parte por los cambios en el perfil epidemiológico
y las actuales características del contexto político,
social y económico, circunstancias éstas que
parecen signar el futuro inmediato de la salud pública.
A los trabajadores del sector se le plantean fundamentalmente
dos desafíos: el primero es la necesidad de dar respuesta
adecuada a las nuevas necesidades y problemas de salud; el
segundo desafío es trabajar en una reforma de los servicios
de salud que asegure la equidad en la distribución
de los recursos y sus beneficios.
Nos ha tocado asistir en la segunda mitad del Siglo XX, a
un arrollador advenimiento de avances en la medicina científica
y de una increíble incorporación tecnológica,
que ha hecho posible salvar vidas y prolongarla, disminuir
el sufrimiento y mejorar en parte la calidad de vida. Sin
embargo, con el conocimiento existente, hoy sabemos que, muchas
de las enfermedades y daños prevalentes en las poblaciones
están determinados fundamentalmente por factores ambientales
y del comportamiento.
Los factores del ambiente físico y sociocultural interactúan
para determinar los niveles de salud y enfermedad de individuos,
familias y comunidades. Por ello es preciso anticiparse a
la enfermedad y actuar sobre esos factores que condicionan
las enfermedades, actuando antes que éstas se produzcan.
Es necesario estimular la promoción de salud en el
marco de la llamada "nueva salud pública".
Pero, "para proporcionar a los pueblos los medios necesarios
para que sea protagonista del cuidado de su salud", como
se define a la promoción, es preciso que se produzcan
cambios a nivel de los individuos y de los ambientes.
A nivel de los individuos estos cambios se deberán
traducir en modificaciones de la conducta, orientándola
hacia estilos de vida saludables. Los estilos de vida que
ponen en riesgo a la salud y que pretendemos modificar, se
nutren en ambientes familiares, sociales y culturales surgidos
en los procesos de modernización y urbanización.
Allí se generan hábitos patrocinados por grupos
sociales específicos o por mensajes subliminales que,
a través de los medios de comunicación, promueven
consumos como alcohol y tabaco o generan conductas violentas.
A nivel de los ambientes la promoción de salud debe
transformar en espacios saludables todos aquellos lugares
en que se desenvuelve la vida cotidiana de la gente: los ámbitos
laborales, sociales, escolares, universitarios, los vecindarios,
las calles, las oficinas públicas, los servicios de
salud.
La política de mercado, los mecanismos de ajuste de
la economía y la desocupación de la últimas
décadas han provocado serios problemas de financiamiento
de los servicios de salud que, unido al desajuste de la seguridad
social, vienen provocando una creciente inequidad en el acceso
a los servicios de salud. Las clases sociales de mayor poder
adquisitivo pueden acceder a todos los beneficios de la medicina
de la mejor calidad, que no es menor que la de los países
desarrollados. Los grupos menos favorecidos en cambio sólo
tienen acceso a los servicios públicos, muchas veces
carentes de recursos humanos e insumos básicos.
Para disminuir las inequidades en materia de salud, y las
profundas crisis conceptuales y organizativas del sector,
será preciso generar una reforma que sustente propuestas
de cambio que aseguren los atributos de equidad, solidaridad,
universalidad y participación. Frente a esta realidad
los trabajadores de la salud pública debemos lograr
que éstas sean las únicas y más importantes
razones que justifiquen una reforma del sector, aún
en el marco del ajuste estructural y la modernización
del Estado, quedando claro que lo más importante es
la ideología y los objetivos que sustentan la reforma
y las estrategias para llevarla a cabo. De allí es
que mi mayor empeño es actualmente, formar líderes
de la salud pública que apoyen este necesario proceso
de reforma dando respuestas ciertas a los desafíos
de la hora, trabajando con la gente y por la gente. Argentina
necesita un servicio de salud más digno y equitativo
que el que está teniendo en esta época de crisis,
aspiro que mis alumnos puedan participar activamente para
lograrlo.
En el 2002, he sido distinguida por la OPS con el Título
de Heroína de la Salud Pública de las Américas.
En este año del Centenario de la Organización
quiero compartir esta distinción con todos aquellos
que contribuyeron a que haya podido trabajar tantos años
en la salud pública y en una organización como
la OPS: mi familia, mis maestros, mis alumnos y mis amigos
y compañeros de todas las tareas desarrolladas en mi
patria y en la patria grande de América, pero muy especialmente
a las madres y los niños que fueron la verdadera razón
de mis esfuerzos de estos últimos 43 años de
profesión y que será la de los años que
me reste por vivir.
Hago votos para que seamos oídos cuando pedimos fortaleza
y decimos que "nos sentimos heridos y agobiados";
y suplicamos que "queremos ser nación; una nación
cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso
por el bien común". Sigamos rezando y trabajando
en cada uno de nuestros lugares para que así sea.
Muchas gracias.
Elsa Margarita Moreno

Notas:
1. Ruiz Pesce, Eduardo, La Democracia en la Encrucijada. 2002.
22. Ruiz Pesce, Eduardo. Opus cit.
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